Por GUERRIERO, LEILA
En 1982, tras la guerra entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas, el ejército británico ordenó al oficial Cardozo identificar a los soldados argentinos caídos en ese territorio y diseñar un cementerio para su sepultura. Los resultados de su trabajo llegaron al gobierno argentino, que no los hizo públicos ni los dio a conocer a las familias de los fallecidos, por lo que permanecieron sin identificar. Este libro relata los recientes y exitosos esfuerzos por recuperar una memoria eclipsada por la inacción institucional, el orgullo nacionalista y la sombra de la dictadura.