Por KEELAND, VI
La primera vez que conocí a Max Yearwood fue en una cita a ciegas. Max era increíblemente guapo, divertido y nuestra química era explosiva. También tenía los hoyuelos más grandes que jamás había visto. Justo lo que necesitaba después de mi ruptura. O eso creía… Hasta que llegó mi cita de verdad. Resultó que Max no era con quien había ido a ver. Solo fingió serlo hasta que llegó mi cita de verdad. Decir que estaba decepcionada sería quedarse corta. Antes de irse, me dio una entrada para un partido de hockey a unas pocas cuadras, por si las cosas no salían bien en mi cita de verdad. Metí la entrada en mi bolso y traté de disfrutar del hombre con el que se suponía que iba a encontrarme. Pero mi cita de verdad y yo no conectamos. Así que, de camino a casa, decidí arriesgarme y pasar por el partido. Cuando llegué, el asiento de al lado estaba vacío. Decepcionada de nuevo, decidí irme al final del periodo. Justo antes de que sonara la bocina, uno de los equipos marcó y todo el estadio enloqueció. El rostro de un jugador apareció en la pantalla gigante. Llevaba casco, pero me quedé helada cuando sonrió. Lo adivinaste: Hoyuelos. Al parecer, mi cita a ciegas falsa no me había invitado a ver hockey con él, me había invitado a verlo jugar. Y así comenzó mi aventura con Max Yearwood. Era todo lo que necesitaba en ese momento: divertido, sexy, dispuesto a todo, y solo estaría cerca unos meses porque había firmado con un nuevo equipo a tres mil millas de distancia. Max propuso que pasáramos el verano ayudándome a olvidar a mi ex. Sonaba como un buen plan. Las cosas no podían ponerse demasiado serias cuando teníamos fecha de caducidad. ¿Verdad? Aunque, ya sabes lo que dicen sobre los mejores planes.