Por MATEO PARDO, REGINO
En general, la bibliografía existente sobre Johann Sebastian Bach es seria y excesivamente especializada. Si bien todos los aficionados a la llamada música clásica o culta tienen claro que Bach es una de las pocas referencias absolutas e imprescindibles, y su obra es un repertorio obligatorio en todos los estudios musicales oficiales, una presencia habitual y casi obligatoria en los programas principales, y una referencia fija en las colecciones de discos de cualquier aficionado medio, existe una imagen difusa del compositor, como si su vida y carrera profesional carecieran de suficiente interés o glamour. Esta obra, Música Infinita, pretende acercar a los lectores a la vida del Cantor de Santo Tomás, centrándose de forma amena e instructiva en las circunstancias históricas, políticas, espirituales, éticas, familiares y de otra índole que dieron origen a un extenso, esencial y definitivo corpus musical. Pero también busca cuestionar imágenes tan inadecuadas para Bach, como la idea romántica de "genio", su seriedad y solemnidad, su carácter quizás demasiado sumiso, que son injustas para un músico que fue un trabajador incansable que también compuso pequeñas chispas de alegría y humor como la Cantata del Café, que ignoró las amenazas de su empleador en Weimar de cruzar Alemania a pie para llegar a Lübeck a escuchar a su maestro y amigo, Buxtehude, y compartir tiempo de amistad y música con él... Como tercer elemento, es esencial mencionar la perdurable relevancia de Bach. Como una experiencia personal e íntima, como un torbellino capaz de cambiar los criterios interpretativos de la música prerromántica y marcar las carreras de los principales intérpretes, como una furia invasora que termina influyendo en fusiones con rock, jazz y música étnica, e incluso proporciona material para un chiste de Les Luthiers y un anuncio de desodorante.